lunes, 23 de marzo de 2020

Resolver conflictos familiares y tiempos de confinamiento…



Resolver conflictos familiares y tiempos de confinamiento…




Un conflicto se produce cuando el comportamiento, las necesidades y los objetivos de alguien, en este caso de nuestros hijos, son un obstáculo para la satisfacción de los nuestros.

                En la familia se suelen dar situaciones en las que nuestros intereses y necesidades son contrapuestos con los de nuestros hijos, y por lo tanto posible fuente de conflicto. Dependerá de cómo los abordemos para que estos se resuelvan.
                La relación padres-hijos es una fuente de conflictos potenciales muy variados. Los más frecuentes y más intensos tienen que ver con el ejercicio de la función de control de los padres sobre la conducta de los hijos y los intentos de éstos para eludir este control. Eso, ya es aplicable en la infancia, pero alcanza su máxima expresión durante la adolescencia.
                Es importante limitar al máximo los conflictos familiares (entre los padres, entre los hijos y entre padres e hijos), tanto en intensidad como en frecuencia. Si son persistentes o muy intensos, pueden afectar a la calidad de las relaciones familiares. Eso, supone:
La forma de relacionarse los padres, entre ellos y con los hijos, es también un modelo de conducta para los hijos. Si los padres tienen dificultades para manejar los conflictos, es más probable que los hijos también las tengan.
               
Que un problema persista puede explicarse por varias causas:

·         Negar la existencia del problema: Reconocer el problema será el primer paso que debemos dar si queremos solucionarlo.
·         Evitar y posponer su resolución: Tarde o temprano tendremos que dar una respuesta a ese problema.
·         Atribuir el problema a los otros o a causas externas: Tendremos que reconocer nuestra responsabilidad en él.
·         Hacer un problema de las situaciones cotidianas: Hay realidades que no se pueden cambiar y tendremos que saber asumirlas y afrontarlas.
·      Pedir soluciones globales. En ocasiones les pedimos a nuestros hijos que cambien el carácter en vez de negociar una serie de cambios concretos de conducta. Les pedimos un cambio de actitud personal: “debes ser”.

HÁBITOS COMUNICATIVOS Y CALIDAD DE LAS RELACIONES FAMILIARES

                Si cuando discutimos con los hijos o con la pareja, nos dejamos llevar por los impulsos, sucede que:

·         En vez de centrar la atención del otro (por ejemplo, del hijo), sobre la conducta que nos molesta o nos preocupa, contribuiremos a hacer que se inhiba (se limite a aguantar el “chaparrón”), o que fije la atención en los insultos, los reproches, las amenazas, etc.
·       El hijo (o la pareja) estará también disgustado, y quizás reaccione con provocaciones, verbales (por ejemplo,“pues me voy a ir de casa”) o no verbales (por ejemplo, irse dando un portazo).
·         Eso nos generará más irritación, y quizás castiguemos al hijo, o dejemos explotar la rabia (por ejemplo, gritando que no hace falta que vuelva, tirando algo contra puerta, etc.). También puede ser que no hagamos nada y que nos limitemos a acumular rabia.
·         Entonces, tanto nosotros como los hijos acumularemos resentimiento y nos distanciaremos los unos de los otros. Si esto pasa a menudo y/o las discusiones son muy intensas, los vínculos familiares se debilitan y se pierde capacidad de influencia sobre los hijos.

EL CONTROL DE LA IRA

                Saber controlar los sentimientos de cólera y sus manifestaciones es muy importante. Si no se sabe controlar los impulsos, los conflictos familiares serán más frecuentes e intensos, y el clima familiar empeorará.
                Pero también es importante no limitarse sólo a inhibir los impulsos. Si se hace eso, la rabia contenida va creciendo y, tarde o temprano, sale; a menudo por una cosa sin importancia. El disgusto, la rabia o la irritación que pueda generarnos la conducta de los hijos o de la pareja tiene que poder expresarse a la otra persona.
                Los hábitos comunicativos mencionados en la unidad didáctica anterior son muy adecuados para eso. A veces, sin embargo, hay que aplazar la expresión de estos sentimientos hasta haber reducido la tensión.
                Por lo tanto, siempre que sentimos mucha rabia o tensión hace falta aplicar alguna técnica de autocontrol antes de continuar con la discusión. El método que se propone, consta de siete pasos.

ETAPAS DEL MÉTODO DE AUTOCONTROL DE LA IRA

                Para controlar la ira se puede utilizar un método que podemos dividir en las siguientes fases:

  1. Identificar las señales personales de alarma: Antes de “explotar y dejarnos llevar por la rabia o la irritación, las personas experimentamos una serie de cambios que podemos utilizar como señales de alarma, si antes las hemos identificado. Estas señales son parecidas para todo el mundo, pero no son iguales. Cada uno tiene las suyas. Pueden ser pensamientos (por ejemplo “me está hinchando las narices”, “se está riendo de mí”), sensaciones (por ejemplo, furia, ganas de golpear a alguien, ganas de huir), conductas manifiestas (por ejemplo, gritar, morderse los labios, acercarse mucho al otro) y/o reacciones fisiológicas (por ejemplo, taquicardia, tensión muscular en el cuello, sofoco en la cara y/o manos).
  2. Reconocer la irritación y procurar reducirla: El objetivo es identificar las señales de alarma en el mismo momento en que aparecen y decirse a uno mismo: “¡Cuidado!, Me estoy irritando”. Si detenemos las señales en el momento en que se presentan, detendremos también el proceso y evitaremos perder el control.
  3. Pensar en las consecuencias de perder el control: “Si pierdo el control…”.
  4. Preguntarse si hay algún motivo añadido para sentirse tan irritado: Además de la conducta de la otra persona y/o de la discusión misma, puede haber también otros motivos que añadan más irritación a la situación, o que sean la causa principal (por ejemplo, recibir una bronca en el trabajo, tener dolor de muelas, haber dado muchas vueltas oara encontrar aparcamiento, etc.). Podemos preguntarnos: ¿Por qué me siento tan irritado?, ¿Hay alguna razón añadida? Y si se encuentra un motivo añadido, decirse a uno mismo: “En realidad, estoy tan irritado porque …”.
  5. Intentar reducir el grado de irritación: Pueden probarse métodos como respirar hondo (sintiendo como entra y sale el aire), relajar la musculatura (percibiéndolo), dar un paso atrás, o sentarse (si se está de pie), picar algo de comida si se está a la mesa, no fijar la mirada en la otra persona, etc.
  6. Evaluar la situación y decidir cuál deber ser el siguiente paso: Es hora de valorar si se está en condiciones de hacer frente a la situación sin perder el control o si, al contrario, tenemos bastantes probabilidades de perderlo. Si la irritación proviene sólo de la discusión actual y, además, sentimos que podremos mantenerla bajo control, entonces podemos seguir adelante haciendo uso de los hábitos positivos de comunicación. En cambio, si la irritación proviene también o principalmente de otros motivos y/o vemos que podemos perder el control, entonces hay que aplazar la discusión hasta que estemos más calmados. Mientras tanto, hay que hacer algo para reducir la tensión. Y, cuando se reanude la discusión, aplicar igualmente hábitos positivos de comunicación.
Recompensarse por haber mantenido el control: Empezar diciéndose: “¡Bien hecho!. Me merezco un premio. Voy a …” y después cumplirlo de verdad. También es importante darse premios entre la pareja cuando uno de los dos se ha manejado bien en una discusión con un hijo (por ejemplo, “Enhorabuena, te lo ha puesto difícil, pero has mantenido la calma”).








SUGERENCIAS QUE NOS AYUDARÁN EN EL PROCESO DE RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS

·         Buscar el momento y el lugar adecuados.
·         Crear un ambiente positivo que facilite la comunicación.
·         Decir con claridad que existe un problema que tiene que ser resuelto.
·         Empezar siempre con algo positivo. A nadie le gusta recibir críticas; si se empieza una negociación criticando se conseguirá que la otra persona adopte una postura defensiva que alejará el objetivo.
·         Analizar y concretar los intereses y necesidades de cada persona ante el problema.
·         Esforzarse para aportar todas las alternativas posibles de solución.
·         Ofrecer ayuda en el proceso de cambio de nuestros hijos y mostrar disposición a la reciprocidad.
·         Los acuerdos deben ser muy específicos y claros para que no haya malas interpretaciones que comporten el riesgo de que los acuerdos no se cumplan.


miércoles, 8 de agosto de 2018

Las madres expuestas a humo de segunda mano en sus hogares dejan de amamantar antes

Investigadores de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) han determinado que las nuevas madres expuestas al humo de segunda mano del cigarrillo en sus hogares dejan de amamantar antes que las mujeres que no lo sufren

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Investigadores de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) han determinado que las nuevas madres expuestas al humo de segunda mano del cigarrillo en sus hogares dejan de amamantar antes que las mujeres que no lo sufren.
El estudio, llevado a cabo en Hong Kong, ha involucrado a más de 1.200 mujeres de cuatro grandes hospitales, y ha sido publicado este jueves en la revista 'Breastfeeding Medicine' . "Nuestro estudio demostró que el solo hecho de estar en un hogar para fumadores, ya sea el marido, la madre u otro miembro de la familia, reduce el tiempo que un niño es alimentado con leche materna. De hecho, cuanto más fumadores había en el hogar, más corta era la duración de la lactancia", explica la principal autora del estudio, la profesora Marie Tarrant, directora de la Escuela de Enfermería del Campus de Okanagan en la universidad canadiense.
Esta investigación es una de los primeras en examinar el efecto del tabaquismo de los miembros de la familia sobre la duración de la lactancia materna en Hong Kong, después de que ese país introdujera cambios sustanciales en las regulaciones de control del tabaco en 2007. En el país asiático, alrededor del 4 por ciento de las mujeres y dos de cada diez hombres fuman, con un promedio nacional de alrededor del 10 por ciento de la población, en comparación con el resto de China, donde las estadísticas de tabaquismo aún son bastante altas.
"Más de un tercio de los participantes tenían parejas u otros miembros del hogar que fumaban. Y los padres que fumaban eran significativamente menos propensos a preferir la lactancia materna en comparación con las parejas que no fumaban", detalla la investigadora.
Tal y como explica Tarrant, la nicotina se transmite en la leche materna al niño y también hay "algún indicio" de que puede reducir la cantidad total de la leche. "También existe la preocupación con respecto a la exposición ambiental del humo de segunda mano en el niño", añade.
"Sabemos que los efectos del humo de tabaco ambiental en los bebés pequeños son muy perjudiciales, ya que los bebés de madres que fuman son más propensos a contraer infecciones respiratorias y otros tienen otros problemas respiratorios", concluye Tarrant.
Nota: artículo publicado en infosalus.com