lunes, 19 de octubre de 2026

Escuela de Familias 3: Cómo aprendemos: Premios y Castigos, la Observación

 

3.1. PREMIOS Y CASTIGOS

3.1.1. APRENDIZAJE Y FORTALECIMIENTO DE COMPORTAMIENTOS

Una forma muy importante de aprendizaje se produce a  través de la experiencia que obtenemos por las consecuencias de nuestros actos. Si queremos que nuestros hijos aprendan comportamientos positivos, tendremos que fortalecérselos.

El reforzamiento es un método de fortalecimiento de conductas. Se utiliza para aumentar aquellas conductas que queremos que se repitan. Por ejemplo: dar un premio después de que se realice algo deseado.

Aspectos a considerar en relación al reforzamiento:

  1. Si premias una conducta de tu hijo con algo que sea gratificante y satisfactorio para él, es muy probable que se porte así con más frecuencia.
  2. Las recompensas o premios pueden ser materiales (dinero, materiales deportivos, juguetes, etc.), o afectivas (la atención, los elogios o el cariño). Las recompensas materiales nos gustan a todos, las afectivas nos hacen sentirnos a gusto con nosotros mismos.
  3. Si decides que vas a utilizar las recompensas materiales, un buen criterio es hacerlo de una manera extraordinaria y con actos que sabes que suponen un esfuerzo especial, y acompañándolas siempre de recompensas afectivas.
  4. Cualquier actividad que le guste al niño puede usarse para reforzar los comportamientos que él/ella no efectuaría con facilidad. Lo único que se requiere es que la actividad poco preferida se haga antes que la preferida.
  5. No hay dos niños iguales, puede suceder que lo que para uno es motivador no lo sea para otro. Tienes que adaptar los premios a la manera de ser de cada niño.
  6. Para que sea efectivo un reforzamiento, es conveniente que se realice inmediatamente después de que el niño haga la conducta.
  7. Recompensa las mejoras. Hay que tener cuidado de no recompensar comportamientos indeseados.
  8. Critica la conducta, no la persona. No digas “eres malo”, sino “te has portado mal por haber hecho…”.


 

Se deben tener en cuenta cuatro reglas básicas acerca del momento en que debe aplicarse el reforzamiento, es decir, el momento en que debemos premiar a nuestros hijos:

  • Cuando se trate de enseñar tareas nuevas, se reforzará inmediatamente sin permitir que haya un retraso entre la respuesta y el reforzamiento. Ej.: Carmen empieza a vestirse sola, cuando la madre regresa inmediatamente hace este comentario “ya sabes vestirte sola, eres una niña muy lista”.
  • En las etapas iniciales del aprendizaje de una tarea, debe reforzarse cada respuesta correcta. A medida que la conducta se hace más fuerte, se exigirán más respuestas correctas antes de proporcionar el reforzamiento (se pasará gradualmente a reforzar de vez en cuando, sin que se pueda predecir, es decir, sin que pueda saber cuando se reforzará). Ej.: la madre de Carmen reforzó el primer día que se puso el jersey, al día siguiente debió reforzar la conducta de ponerse al menos tres prendas, cuatro, y así sucesivamente hasta que la niña aprendiera a vestirse sola y entonces reforzaría de vez en cuando sin que la niña supiera cuándo lo iba a hacer.
  • Es necesario reforzar el progreso o los avances en la dirección correcta. No hay que insistir en una ejecución perfecta desde el primer ensayo. Ej.: si nuestro/a hijo/a trae a casa dos suspensos y en la evaluación siguiente sólo trae suspensas las matemáticas, hay que reforzar el esfuerzo que ha hecho, ya que a veces se nos olvida.

 3.1.2.ELIMINACIÓN DE COMPORTAMIENTOS INADECUADOS

Para la eliminación de comportamientos inadecuados, podemos hacer uso del castigo, la extinción o la estimulación de comportamientos alternativos incompatibles con la conducta indeseada.

El castigo es una forma de cortar un comportamiento indeseado. Pero el uso frecuente del castigo no es eficaz para cambiar la conducta.

El castigo puede producir efectos no deseados como:

  • Su duración es escasa, pues enseguida aparece la conducta no deseada.
  • Las relaciones entre tú y tu hijo se resienten y pueden darse reacciones de rechazo afectivo.
  • Las personas aprendemos por imitación y si un niño vive normalmente castigado, castigará a los de su alrededor.
  • Daña la autoestima del niño.

El castigo funciona bien si:

  • Se utiliza en casos puntuales y aislados.
  • El niño sabe perfectamente cuando va a ser castigado.
  • Es inmediato al comportamiento inadecuado.
  • Ocurre siempre que se comete la falta sin depender del buen o del mal humos de los padres y madres.
  • Ofrece al niño siempre una alternativa, se le explica lo que se espera de ellos y el modo en que puede realizarlo.
  • Permanece intacto el respeto por la persona, sin que sufra la autoestima. Son las acciones incorrectas las que se castigan, no la persona: no “eres mala”, sino “eso lo has hecho mal”.
  • No lo asocies a actividades de aprendizaje, si lo castigas haciendo cuentas, acabará odiando hacer las cuentas.

Tipos de castigos:

  • El castigo que pretende eliminar una conducta presentando un estímulo desagradable (reprimenda, cachete, etc.). Este tipo de castigo se aplica de inmediato, nada más aparecer la conducta que se pretende corregir. Aunque la conducta castigada desaparece de manera rápida, es algo transitorio y a la larga no resulta demasiado eficaz (Ej.: Un maestro que tenga una clase muy ruidosa puede gritar a los niños y conseguir un período de silencio. Al rato, sin embargo, vuelve el cuchicheo y el movimiento ruidoso, de manera que tiene que volver a gritar. A las pocas semanas, el maestro gritará cada vez más).
  • El otro tipo de castigo es la retirada de algo deseado por el niño. Éste tiene menos connotaciones negativas, pero siempre que se pueda es mejor utilizar la extinción.

La extinción consiste en eliminar todos los reforzadores que mantienen una conducta para suprimirla.  Una de las técnicas consiste en retirar la atención o simplemente trasladar al niño a un lugar (habitación) en el que no pueda recibir refuerzos a esa conducta que pretendemos eliminar. Ej.: Ana interrumpía constantemente cuando su madre hablaba por teléfono. Las reprimendas no eran severas y la atención que le daba a Ana en estas ocasiones resultaba gratificante para la niña. Un día, la madre decidió ignorar completamente a su hija en esos momentos. Vio que Ana era peor durante unos días. Eventualmente, la niña aprendió que ya no iba a recibir más atención por portarse de esa manera y disminuyó el número de veces que interrumpía a la madre cuando ésta hablaba por teléfono.

            Otro método para reducir comportamientos no deseados es estimulando y proponiendo actividades alternativas o incompatibles a comportamientos no deseados. Es decir, ofrecerle algo que le gusta, distrayendo su atención para que olvide el comportamiento inadecuado.


 

Además, se puede reforzar deliberadamente, con atención o recompensa, alguna actividad de su hijo que sea incompatible con la conducta que se pretende desanimar. Es el reforzamiento de conductas alternativas. Ej.: niña nerviosa había tomado la costumbre de coger tejidos, pañuelos, bordes de los vestidos cuando no estaba haciendo otra cosa. Castigarla era inadecuado porque no hacía ningún daño real. Los padres ignoraban está conducta y su madre la enseñó a hacer punto y a bordar, lo cual se ajustaba a su interés por el dibujo. Ambos padres le animaron ensalzando las prendas terminadas. Al poco tiempo, la muchacha abandonó la costumbre y pasaba muchos ratos haciendo punto.

3.1.3 CONSECUENCIAS NATURALES Y CONSECUENCIAS LÓGICAS

            Frente al sistema de premios y castigos, algunos autores proponen el método de las consecuencias naturales y las consecuencias lógicas. Se trata de una buena alternativa frente a los problemas que plantea el método de premios y castigos; pero pueden coexistir ambos sistemas: la edad, la manera de ser del niño y cada situación concreta nos indicará lo más conveniente en cada momento.

            Básicamente, el método consiste en relacionar la conducta del niño con las consecuencias que de ella se derivan; así, si un adolescente insiste en ponerse zapatos de tacón alto en invierno y se le mojan los pies (consecuencia natural) probablemente arruinará los zapatos y no le comprarán otros hasta que sea el momento (consecuencia lógica).

3.2. LA OBSERVACIÓN

Dar ejemplo

            Otra forma habitual que tiene el ser humano de aprender es a través de la observación de lo que las otras personas hacen.

            Aplicado al tema que estamos tratando, esto significa que para que los padres se conviertan en un referente claro de prevención deben pararse a analizar lo que piensan respecto al consumo de sustancias y en qué medida los mensajes que transmiten a sus hijos, a través de lo que les dicen y lo que hacen, son coherentes o contradictorios.

  • Los padres deben predicar con el ejemplo: La mejor herramienta de prevención es la coherencia  entre lo que dicen los padres y lo que realmente hacen.
    • La observación es una forma de aprendizaje. Por ello, es importante que los padres se fijen en su comportamiento ante el alcohol.
    • Cuidar nuestra forma de tratar el alcohol es importante para influir directamente en las opiniones que los hijos vayan formándose, por ejemplo, deben evitar hacer comentarios delante de los hijos sobre su propio consumo, de manera que sugiera que el alcohol les sirve para desconectar, relajarse o divertirse.
    • Los padres deben demostrar a sus hijos que tienen otras maneras “más saludables” que el uso del alcohol para enfrentar la evasión, la tensión o el ocio, como por ejemplo: hacer ejercicio, escuchar música, dar un paseo, hablar con un amigo, etc.
  • Mostrar un modelo de uso moderado y controlado: El uso social del alcohol es muy frecuente, por ello los padres deben diferenciar entre un uso moderado y un uso abusivo.
    • En las celebraciones, fiestas y ocasiones especiales, los padres deben de evitar ofrecer alcohol a los menores de 18 años.
    • Si en alguna ocasión el joven abusa del alcohol, los padres deben mostrar su rechazo y no su complicidad, por ejemplo, no reírles las gracias.
    • Si en alguna ocasión son los padres los que abusan del alcohol, deben de asumir sus contradicciones abiertamente ante sus hijos y sobre todo hacerles evidentes las consecuencias negativas que esta forma de beber tiene en su organismo y en su conducta.

Los modelos de padres “perfectos” no son reales, es mejor reconocer que los padres también tienen sus fallos y sus limitaciones. En este ejemplo se aprovecha un “modelo negativo de consumo de alcohol” para reconvertirlo en un “modelo de aprendizaje educativo”, es decir, una experiencia negativa para el hijo, puede pasar a ser una estrategia idónea de enseñanza por varios motivos:

  • El padre está reconociendo su fallo en el control, sus limitaciones, sus imperfecciones, lo que le está haciendo más humano y, en definitiva, más cercano a su hijo.
  • El padre está rompiendo el mito del control tan extendido entre los jóvenes y le está haciendo tomar conciencia de la importancia de ser prudentes con esta bebida.
  • Trasmite a su hijo que el abuso del alcohol tiene unas consecuencias desagradables para nuestra salud y nuestro estado de ánimo.

Es importante

  • No perder de vista que los padres son un referente de vital importancia para los hijos por lo que resulta importante que te pares a observar tus propias actitudes y comportamientos frente al consumo de alcohol.
  • Procura ser coherente en los mensajes y las actuaciones respecto al consumo de alcohol ante tus hijos.
  • Evita mostrar a tus hijos la asociación del uso del alcohol con la obtención de estados de ánimo positivos.
  • Hacer ver a tus hijos que hay maneras saludables de superar los problemas, las tensiones y las dificultades.
  • Reconoce abiertamente ante tus hijos las consecuencias negativas de un uso abusivo del alcohol, si alguna vez tu hijo te ha visto hacer un uso inapropiado del mismo.
  • El presente contenido se enmarca en una actividad del Programa de Prevención de las Adicciones desde el Ámbito Familiar en colaboración con la Consejería de Sanidad, Presidencia y Emergencias de la Junta de Andalucía.

El presente contenido se enmarca en una actividad del Programa de Prevención de las Adicciones desde el Ámbito Familiar en colaboración con la Consejería de Sanidad, Presidencia y Emergencias de la Junta de Andalucía.



miércoles, 14 de octubre de 2026

Escuela de Familias 2: Resolución de conflictos

 


 

            Un conflicto se produce cuando el comportamiento, las necesidades y los objetivos de alguien, en este caso de nuestros hijos, son un obstáculo para la satisfacción de los nuestros.

            En la familia se suelen dar situaciones en las que nuestros intereses y necesidades son contrapuestos con los de nuestros hijos, y por lo tanto posible fuente de conflicto. Dependerá de cómo los abordemos para que estos se resuelvan.

            La relación padres-hijos es una fuente de conflictos potenciales muy variados. Los más frecuentes y más intensos tienen que ver con el ejercicio de la función de control de los padres sobre la conducta de los hijos y los intentos de éstos para eludir este control. Eso, ya es aplicable en la infancia, pero alcanza su máxima expresión durante la adolescencia.

            Es importante limitar al máximo los conflictos familiares (entre los padres, entre los hijos y entre padres e hijos), tanto en intensidad como en frecuencia. Si son persistentes o muy intensos, pueden afectar a la calidad de las relaciones familiares. Eso, supone:

La forma de relacionarse los padres, entre ellos y con los hijos, es también un modelo de conducta para los hijos. Si los padres tienen dificultades para manejar los conflictos, es más probable que los hijos también las tengan.

           

Que un problema persista puede explicarse por varias causas:

 

·        Negar la existencia del problema: Reconocer el problema será el primer paso que debemos dar si queremos solucionarlo.

·        Evitar y posponer su resolución: Tarde o temprano tendremos que dar una respuesta a ese problema.

·        Atribuir el problema a los otros o a causas externas: Tendremos que reconocer nuestra responsabilidad en él.

·        Hacer un problema de las situaciones cotidianas: Hay realidades que no se pueden cambiar y tendremos que saber asumirlas y afrontarlas.

·        Pedir soluciones globales. En ocasiones les pedimos a nuestros hijos que cambien el carácter en vez de negociar una serie de cambios concretos de conducta. Les pedimos un cambio de actitud personal: “debes ser”.

 


2.1. HÁBITOS COMUNICATIVOS Y CALIDAD DE LAS RELACIONES FAMILIARES

 

            Si cuando discutimos con los hijos o con la pareja, nos dejamos llevar por los impulsos, sucede que:

 

·        En vez de centrar la atención del otro (por ejemplo, del hijo), sobre la conducta que nos molesta o nos preocupa, contribuiremos a hacer que se inhiba (se limite a aguantar el “chaparrón”), o que fije la atención en los insultos, los reproches, las amenazas, etc.

·        El hijo (o la pareja) estará también disgustado, y quizás reaccione con provocaciones, verbales (por ejemplo,“pues me voy a ir de casa”) o no verbales (por ejemplo, irse dando un portazo).

·        Eso nos generará más irritación, y quizás castiguemos al hijo, o dejemos explotar la rabia (por ejemplo, gritando que no hace falta que vuelva, tirando algo contra puerta, etc.). También puede ser que no hagamos nada y que nos limitemos a acumular rabia.

·        Entonces, tanto nosotros como los hijos acumularemos resentimiento y nos distanciaremos los unos de los otros. Si esto pasa a menudo y/o las discusiones son muy intensas, los vínculos familiares se debilitan y se pierde capacidad de influencia sobre los hijos.

 

2.2. EL CONTROL DE LA IRA

 

            Saber controlar los sentimientos de cólera y sus manifestaciones es muy importante. Si no se sabe controlar los impulsos, los conflictos familiares serán más frecuentes e intensos, y el clima familiar empeorará.

            Pero también es importante no limitarse sólo a inhibir los impulsos. Si se hace eso, la rabia contenida va creciendo y, tarde o temprano, sale; a menudo por una cosa sin importancia. El disgusto, la rabia o la irritación que pueda generarnos la conducta de los hijos o de la pareja tiene que poder expresarse a la otra persona.

            Los hábitos comunicativos mencionados en la unidad didáctica anterior son muy adecuados para eso. A veces, sin embargo, hay que aplazar la expresión de estos sentimientos hasta haber reducido la tensión.

            Por lo tanto, siempre que sentimos mucha rabia o tensión hace falta aplicar alguna técnica de autocontrol antes de continuar con la discusión. El método que se propone, consta de siete pasos.

 

2.3. ETAPAS DEL MÉTODO DE AUTOCONTROL DE LA IRA

 

            Para controlar la ira se puede utilizar un método que podemos dividir en las siguientes fases:

 

1.     Identificar las señales personales de alarma: Antes de “explotar y dejarnos llevar por la rabia o la irritación, las personas experimentamos una serie de cambios que podemos utilizar como señales de alarma, si antes las hemos identificado. Estas señales son parecidas para todo el mundo, pero no son iguales. Cada uno tiene las suyas. Pueden ser pensamientos (por ejemplo “me está hinchando las narices”, “se está riendo de mí”), sensaciones (por ejemplo, furia, ganas de golpear a alguien, ganas de huir), conductas manifiestas (por ejemplo, gritar, morderse los labios, acercarse mucho al otro) y/o reacciones fisiológicas (por ejemplo, taquicardia, tensión muscular en el cuello, sofoco en la cara y/o manos).

2.    Reconocer la irritación y procurar reducirla: El objetivo es identificar las señales de alarma en el mismo momento en que aparecen y decirse a uno mismo: “¡Cuidado!, Me estoy irritando”. Si detenemos las señales en el momento en que se presentan, detendremos también el proceso y evitaremos perder el control.

3.    Pensar en las consecuencias de perder el control: “Si pierdo el control…”.

4.    Preguntarse si hay algún motivo añadido para sentirse tan irritado: Además de la conducta de la otra persona y/o de la discusión misma, puede haber también otros motivos que añadan más irritación a la situación, o que sean la causa principal (por ejemplo, recibir una bronca en el trabajo, tener dolor de muelas, haber dado muchas vueltas oara encontrar aparcamiento, etc.). Podemos preguntarnos: ¿Por qué me siento tan irritado?, ¿Hay alguna razón añadida? Y si se encuentra un motivo añadido, decirse a uno mismo: “En realidad, estoy tan irritado porque …”.

5.    Intentar reducir el grado de irritación: Pueden probarse métodos como respirar hondo (sintiendo como entra y sale el aire), relajar la musculatura (percibiéndolo), dar un paso atrás, o sentarse (si se está de pie), picar algo de comida si se está a la mesa, no fijar la mirada en la otra persona, etc.

6.    Evaluar la situación y decidir cuál deber ser el siguiente paso: Es hora de valorar si se está en condiciones de hacer frente a la situación sin perder el control o si, al contrario, tenemos bastantes probabilidades de perderlo. Si la irritación proviene sólo de la discusión actual y, además, sentimos que podremos mantenerla bajo control, entonces podemos seguir adelante haciendo uso de los hábitos positivos de comunicación. En cambio, si la irritación proviene también o principalmente de otros motivos y/o vemos que podemos perder el control, entonces hay que aplazar la discusión hasta que estemos más calmados. Mientras tanto, hay que hacer algo para reducir la tensión. Y, cuando se reanude la discusión, aplicar igualmente hábitos positivos de comunicación.

7.    Recompensarse por haber mantenido el control: Empezar diciéndose: “¡Bien hecho!. Me merezco un premio. Voy a …” y después cumplirlo de verdad. También es importante darse premios entre la pareja cuando uno de los dos se ha manejado bien en una discusión con un hijo (por ejemplo, “Enhorabuena, te lo ha puesto difícil, pero has mantenido la calma”).

 


2.4. SUGERENCIAS QUE NOS AYUDARÁN EN EL PROCESO DE RESOLUCIÓN DE

      CONFLICTOS

 

·       Buscar el momento y el lugar adecuados.

·       Crear un ambiente positivo que facilite la comunicación.

·       Decir con claridad que existe un problema que tiene que ser resuelto.

·       Empezar siempre con algo positivo. A nadie le gusta recibir críticas; si se empieza una negociación criticando se conseguirá que la otra persona adopte una postura defensiva que alejará el objetivo.

·       Analizar y concretar los intereses y necesidades de cada persona ante el problema.

·       Esforzarse para aportar todas las alternativas posibles de solución.

·       Ofrecer ayuda en el proceso de cambio de nuestros hijos y mostrar disposición a la reciprocidad.

·       Los acuerdos deben ser muy específicos y claros para que no haya malas interpretaciones que comporten el riesgo de que los acuerdos no se cumplan.

 


 

                El presente contenido se enmarca en una actividad del Programa de Prevención de las Adicciones desde el Ámbito Familiar en colaboración con la Consejería de Sanidad, Presidencia y Emergencias de la Junta de Andalucía.

 

viernes, 9 de octubre de 2026

Escuela de Familias 1: La comunicación en la familia

 

1.1. LA FAMILIA

A lo largo de la historia, la familia ha tenido un papel de indiscutible valor, ya que en todas sus formas y culturas, ha supuesto un pilar básico para las sociedades. Es una estructura abierta que se adapta a la cultura en la que vive, que está en permanente conexión con ésta y que permite la transmisión de dicha cultura a las nuevas generaciones.

            En definitiva, la familia es un espacio de crecimiento y aprendizaje para todos sus miembros, en el que los padres pueden actuar como agentes de prevención del consumo de drogas porque:

  • La familia es la forma más elemental de la sociedad y desempeña un papel fundamental en la transmisión de información y experiencias, de valores y reglas de conducta, proporcionando a los hijos perspectivas positivas de vida.
  • La familia puede proporcionar a los hijos un ambiente de amor y aprobación, dándoles la estabilidad emocional necesaria para afrontar su proyecto de vida.
  • En el entorno familiar, los padres deben suministrar normas de convivencia, ya que pueden ser un modelo de aprendizaje que facilite la socialización de los hijos, la convivencia solidaria, la responsabilidad y la autonomía.
  • La familia puede permitir el establecimiento de una comunicación íntima entre sus miembros, favoreciendo el intercambio de sentimientos, emociones y experiencias como elemento fundamental para mantener una relación de bienestar, afrontar los problemas que surgen y orientar a sus miembros para resolverlos.
  • La unidad familiar puede facilitar la participación de sus miembros en la comunidad y ayuda a estos a adaptarse a los cambios que se producen en ésta.
  • La unidad familiar puede convertirse en un refugio para el descanso, para compartir experiencias y momentos de diversión.


 

Por otro lado, se puede hablar de tres estilos de crianza, según las relaciones que se establecen entre los miembros de la familia:

  1. Estilo autoritario o restrictivo: Son familias que basan su influencia en el poder de la autoridad formal sin tener en cuenta las opiniones de sus hijos. Establecen normas con poca participación del niño y fuerzan a que se cumplan mediante órdenes, castigos o amenazas. No explican por qué se critica ni como deberían de hacer las cosas. La comunicación es pobre, las reglas son inflexibles y la independencia escasa.
  2. Estilo permisivo o pasivo: Son familias que no se involucran en la educación de sus hijos permitiendo que estos no cumplan ningún tipo de normas. Imponen pocas o ningunas restricciones a sus hijos, por lo que muestran un amor incondicional. Son poco exigentes, utilizan poco el castigo y permiten que el niño regule su propia conducta, el cual dispone de gran libertad y poca conducción.
  3. Estilo autorizado o democrático: Son familias que pactan las normas con sus hijos y que se preocupan de que se cumplan. Se interesan por sus hijos y participan en sus actividades. Las relaciones se basan en la persuasión, dando explicaciones de por qué está mal y de cómo se deben de hacer las cosas. Aceptan y alientan la autonomía de sus hijos. Tienen una comunicación abierta con ellos y reglas flexibles.

1.2. LA IMPORTANCIA DE LA COMUNICACIÓN EN LA FAMILIA

Una de las cosas que los jóvenes piden a los padres es más comunicación, considerando abiertamente a la familia como el lugar que les proporciona afecto y seguridad y donde siempre van a ser apoyados porque saben que los padres siempre quieren lo mejor para ellos.

Cuando los padres se relacionan con sus hijos, es a través de este proceso de comunicación el modo fundamental que tienen para transmitirles aquello que quieren que aprendan y ayudarles en su desarrollo personal.

Sin la comunicación no habría aprendizaje ni desarrollo personal, lo que nos da la medida de la importancia que tienen no sólo hacerlo, sino hacerlo lo mejor posible. Sin embargo, llevar a la práctica esto no resulta fácil para algunos padres tal y como señalan algunos jóvenes.

Esto nos demuestra que comunicarse con los hijos en este tema es posible y que para lograrlo deberemos de evitar algunas cosas (por ejemplo, ponerse histérico, mostrar desconfianza, sospechas infundadas, interrogar, regañar) e intentar hacer otras (por ejemplo, aconsejar, estar al día, escuchar o explicarse bien ).


1.3. MODOS DE COMUNICACIÓN

Independientemente de la época y cultura, y de lo que expresemos, las personas nos comunicamos a través de una variedad de formas.

  • Comunicamos por la palabra

            Es la forma más usual. Por la palabra comunicamos ideas, sentimientos, estados de ánimo, decisiones, etc.

Es necesario también saber callar. No estamos acostumbrados a escuchar, nos encasillamos en nuestros puntos de. No se puede dialogar si no sabemos escuchar al otro,  dejarle que exprese sin interrumpirle y tratar de ponernos en su punto de vista.

  • Comunicamos por la mirada

Muchas personas poco inclinadas a hablar pueden llegar a expresarse de modo intenso por la mirada. Hay miradas pacientes, cariñosas, estimulantes, acogedoras, que son caricias positivas, y existen miradas que matan, que te hacen sentir ridículo, etc.

  • Comunicamos por hechos

            Muchas veces el amor ha acabado por quedarse en mera palabrería. Amor es compartir, ayudarse, vivir juntos los acontecimientos, etc.

  • Comunicamos por el cuerpo

Nuestro cuerpo expresa plásticamente sentimientos, estados de ánimo, actitudes hacia el otro, etc. Por ejemplo, el nerviosismo o la incomodidad se pueden expresar frunciendo el ceño, tamborileando con los dedos, mirando al reloj, a la puerta, etc.


 

1.4. FACTORES FACILITADORES DE LA COMUNICACIÓN

            A la hora de intentar establecer una adecuada interacción tenemos que tener en cuenta:

  • Escoger un lugar y momento adecuado.
  • Preguntar sin dar nada por supuesto.
  • Escuchar activamente (mirar a los ojos, postura relajada e inclinada hacia delante, asentir, respuestas verbales, preguntar, sincronización, etc.).
  • Empatizar (ponerse en el lugar del otro y manifestárselo).
  • Pedir opinión.
  • Declarar deseos.
  • Buscar puntos de acuerdo en lo argumentos del otro y manifestarlos.
  • Dar información enfatizando los aspectos positivos.
  • Utilizar un lenguaje adecuado a la otra persona.

1.5. FACTORES QUE DIFICULTAN LA COMUNICACIÓN

            Entre los factores que dificultan la comunicación, nos encontramos con:

  • No escoger un lugar o momento adecuado.
  • Acusar, juzgar, amenazar o exigir.
  • Utilizar frases del tipo deberías.
  • Etiquetar y generalizar (“siempre haces”, “nada, todo, nunca…”).
  • Ignorar los mensajes del interlocutor o menospreciar sus argumentos.
  • Enfatizar los aspectos negativos.

1.6. LA COMUNICACIÓN CON LOS HIJOS

            Conseguir una buena comunicación con los hijos no es tan difícil como se piensa, sólo hay que tener en cuenta que ésta no surge de la noche a la mañana, sino que debe ser un proceso que comienza desde que el niño nace, cuando es un bebé (aunque creamos que no nos entiende) y durante toda la vida.

            De esta forma, poco a poco los hijos van adquiriendo la confianza necesaria con sus padres, para tratar cualquier tipo de tema, sobre todo en la adolescencia, que es la etapa más conflictiva.

Desde una visión amplia, los  motivos que dificultan la relación con los hijos son:

  • Los adolescentes tienen la necesidad de autodefinirse, por ello suelen llevar siempre la contraria, creando un clima tenso. Son también muy inseguros y necesitan del apoyo y afecto familiar aunque pueda parecer lo contrario, intentando siempre probar que son mayores
  • En esta etapa descubren su intimidad y quieren resguardarla, por ello no aceptan diálogos que puedan parecer interrogatorios o que responden a una curiosidad morbosa.

            Hay muchas maneras de solucionar estos conflictos y algunas formas de actuación, que pueden ser.

  • Crear un clima agradable para favorecer un diálogo comprensivo y armonioso. Entablar una conversación con nuestros hijos a veces no resulta sencillo, porque no estamos relajados, no hemos tenido un buen día, no nos encontramos de buen humor, estamos mosqueados por algo, etc. En estas ocasiones, es preferible dejarlo para otro momento para que podamos hablar con más calma y serenidad. Esto mismo habrá de hacerse cuando sea nuestro hijo el que no quiere hablar, siendo esta negación al diálogo una actitud muy frecuente en los hijos adolescentes. En estos casos, el primer paso es no forzar la conversación. Hay que buscar el momento adecuado y estimular o motivar al hijo a hablar empezando por algo que sabemos que le interesa.
  • Aprender a reconocer que te has equivocado y pedir perdón, así como enseñar a tus hijos a hacer lo mismo.
  • Tener en cuenta que los problemas que para ti son insignificantes para tu hijo pueden ser un mundo.
  • Dialogar con tu hijo, no interrogarlo.
  • No hablarle sólo de los estudios, él es algo más.
  • Proponer siempre metas para animarlo, pero no imponerlas.
  • Prestar atención a las emociones que transmitimos a nuestros hijos, ya que muchas veces puede que lo que decimos con las palabras y lo que transmitimos con nuestro cuerpo no coincida. En estos casos, hay que tener en cuenta que influye más lo que les transmitimos  a través de la comunicación no verbal.

El presente contenido se enmarca en una actividad del Programa de Prevención de las Adicciones desde el Ámbito Familiar en colaboración con la Consejería de Sanidad, Presidencia y Emergencias de la Junta de Andalucía.